Mi nombre es Coquito

Por Mariano Lopez Patterson.

No lo podía creer, por simple coincidencia o porque así estaba establecido, fui testigo del momento en el que vinieron a detener a mi viejo. No es algo para lo que alguien que se manejó toda la vida desde la legalidad esté preparado, por lo tanto, la incertidumbre es total. No hubo violencia ni tensión extrema en ese momento, todo casi amable. Papá preparó un bolsito y salió afeitadito para enfrentar el tema. Afuera lo esperaba un auto sin identificar al igual que las tres personas que intervinieron y estaban de civil. Lo acompañé hasta la departamental de San Isidro mientras avisaba a todo el mundo y preguntaba: ¿Qué se hace en estos casos?. Pudimos charlar un ratito antes que lo trasladaran a Tribunales y ya no lo pude ver; casi al mismo tiempo veía que pasaban los hechos en el portal de Télam: la noticia de la detención de un “represor” en Vicente López con una foto de varios autos de la policía y vallas de contención, mostrando algo que no sucedió en la forma que lo transmitían; también, un detalle de la causa y declaraciones de un funcionario. Todo esto en simultaneidad al acontecimiento, ¿Cómo sabían? ¿Cómo armaron una nota de un evento MIENTRAS pasaba? Luego el traslado al penal de Ezeiza donde pude verlo una vez y de ahí a San Juan de donde era originaria la causa por la que lo detenían, a 1.110 Km de mi casa.

A partir de ese momento la vida de TODA la familia comenzó a cambiar porque todo es nuevo y forzado (vale aclararlo pero esa historia es para otra vez).

Nos empezamos a turnar para ir a visitarlo como una forma de poder estar con él más veces, en vez de gastar todos los recursos de tiempo y dinero yendo juntos.

Fui un par de veces solo, todo lo vivido en esos viajes fue novedoso, tal vez demasiado emotivo y también, cabe agregar, en ciertos momentos algo bizarro. Generalmente estos momentos, los bizarros, venían de la mano de la visita al complejo penitenciario.

Una de estas situaciones se dio cuando en la cola para acreditarse había un chico que parecía de 8 años, cumplía 12 si mal no recuerdo, pero hablaba como una persona de 40 ; tenía unos globos y entablamos una conversación en un idioma medio tumbero pero que hizo llevadera la espera de un par de horas hasta que pudimos entrar. Se hacía llamar COQUITO, venía a ver a su padre porque era su cumple y deseaba festejarlo con él. Antes que pudiera entrar le desee muy feliz cumple y que la pasara bien con su viejo : iba con un gran número de familiares que, al igual que yo, entraba con bolsas llenas de víveres y comida. Los dos veníamos a ver a nuestros viejos, COQUITO, a pesar de su corta vida, parecía que, ya había vivido más que yo…

Tocaba mi turno para la requisa, una pequeña negociación para ingresar algo que estaba medio fuera de norma, el paso por un scaner para ver si no llevaba algo adentro del cuerpo .El camino al pabellón es como caminar una cuadra y apenas me asomo lo veo a mi viejo asomado; acelero lo mas que puedo aunque vengo muy cargado: gran abrazo cuando lo tengo a mano,( cada vez que lo veía era como que volvía a respirar, la tensión era inexplicable, ahí aflojaba un poco el corazón), saludo a toooooodos los compañeros del pabellón 14 “de lesa”, acomodamos lo que le llevo y nos aprestamos a largas charlas que incluyen desde temas logísticos, novedades de casa, grandes reflexiones y recuerdos, y anécdotas vividas: esos momentos estuvieron muy bien.

Me quedaba hasta el último minuto de la visita, ahí venía el momento más difícil: la despedida; solo puedo decir que esos metros donde uno se va yendo, desde el pabellón hasta la entrada, donde todavía puede mantenerse el contacto visual, el corazón se siente más fuerte: nunca lo había sentido así

Habiendo sobrevivido ese ataque al corazón y aguantando por orgullo el lagrimón, empezamos la retirada del penal con un mar de familiares de otros presos y el viaje: todos apretados en el micro 70 que es el único que hay y que me dejaba justo donde estaba el hotel donde iba a parar. Por ser el único penal en San Juan, los presos son muchos y los familiares muchos mas así que había gente para tirar para arriba, y ahí, en ese mar, estaba todo contento COQUITO con toda su comitiva; coincidimos todos en el bondi y ahí continuó nuestra charla que fue más o menos así:

YO: hola Coquito,¿ cómo te fue?

COQUITO: buenísimo, mi viejo me regaló altas llantas (zapatillas), jugamos a la pelota y todos me cantaron el feliz cumple. Me prometió que me iba a enseñar a laburar. ¿Tu viejo cómo está?(Me contaba otras cosas que hicieron pero siempre monotemático con su viejo)

Considerando que estaba lejos de mis hijos y me sentía sensible, ese nene me despertaba mucha ternura y me hacía reflexionar acerca de la alegría con la que se manejaba en una situación básicamente de mierda… ; entonces cometí un error preguntando de mas.

YO: ¿Por qué te dicen coquito?

COQUITO: porque rompo todo con la cabeza, tengo la cabeza re dura, ¿sabes cómo le dicen a mi papá? (seguía monotemático)

YO: ¿Cómo le dicen a tu papá? (error)

COQUITO: ASESINO, porque mato a un PAR de personas (lo dijo inflando el pecho)

Ahí me dí cuenta que alrededor mío estaban todos los familiares de COQUITO y que me estaban mirando fijo. TODOS me estaban mirando, pasé de la ternura al cagazo en un milisegundo. Mas o menos creí entender a qué se refería el padre cuando le dijo que le iba a enseñar a “laburar” e hice el calculo que le dijo que le iba a enseñar a manejar porque debería salir para cuando el pibe ya era mayor de edad. También comprendí que en ese bondi desentonaba bastante y que ciertas palabras no significaban lo mismo para coquito que para mí (como laburo, por ejemplo), me dio un poco de tristeza que existiera esa situación y que ese chico pareciera destinado a seguir los pasos de su padre. No pasó nada, claramente porque era amigo de COQUITO que oficiaba de amo y señor de todos los que estábamos ahí: fuimos todos cantando el feliz cumple hasta que COQUITO se bajó por su barrio con toda su comitiva (que me seguía mirando fijo); casi diría que era una situación alegre que contrastaba con la mierda de ver a nuestros viejos en la cárcel. Nos saludamos y yo seguí para el centro. No lo volví a cruzar.

Aprendí mucho de cosas que no conocía de la realidad y otras de mi mismo que tampoco tenía tan claras: gracias COQUITO por enseñarme y… nunca dejes de ser mi amigo!

6 opiniones en “Mi nombre es Coquito”

  1. Mari querido … que experiencias inolvidables, a medida que leia tu relato lo iba plasmando en mi experiencia en marcos paz con mi papá.
    Experiencias marcadas a fuego y orgullo pleno x nuestros viejos y todos nosotros que acompañamos!!
    “Mantente de pie, recuerda que Dios le da las batallas mas dificiles a sus mejores soldados”, mi frase de cabecera.

  2. Mariano…..a uno en la vida lo preparan para un montón de cosas que son lógicas y hasta llevaderas….pero es bueno saber q el mundo no es lo que nos rodea, es más amplio y más complejo de lo que uno cree…..todo lo sucedido a la familia nos sirvió para saber esto…por eso es bueno saber que la familia está….abrazo grande te queremos mucho a vos y a tu viejo……flia trotta city bell.

  3. Las vivencias de terceros pueden llegar a ser narradas de tal manera y con tal grado de detalle que por un instante me sentí caminar por esa cuadra , transitar ese abrazo , disfrutar esa charla interminable y regresar tras mis pasos con el corazón en la mano y el orgullo bien en alto. MUCHA FUERZA MARIANO Y FAMILIA

  4. Me hiciste acordar a las varias veces que viví esa experiencia, las primeras cuando yo era mas chico que Coquito. Un abrazo y los mejores recuerdos de tu viejo.

  5. La dura realidad de niños adultos en primera persona. Vos conociste a Coquito…. Yo conocí a Chuchu. Personas q nos marcan y desde ese instante cambia algo dentro nuestro, algo tan frágil y profundo a su vez… Algo q nos conecta con la vida a partir de un sacudon!!!! En situaciones similares me aferro al último gramo de esperanza que no me deja abandonar mi profesión.

    Excelente relato! Espero el que le sigue….

  6. Increíble cómo estas vivencias han sido tan parecidas… apurar los pasos del encuentro oteando para verlo antes de llegar… saludar a cada uno de los del pabellón… compartir el día como si nada hubiese cambiado… estirar la mirada hasta el último momento antes de partir hasta la próxima… vernos en un otro tan distinto… la tristeza profunda de la madre de ese hijo malandante… nuestro honor desgarrado del otro lado de la reja.

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