Mi suegro

Por Agustín Barletti.

Cuando me enteré estaba en Europa, por un viaje de trabajo.

“Detuvieron a papá”, me comunicó mi esposa. Su voz, tenía una mezcla de congoja e indignación.

Desde meses atrás, sabía que mi suegro había sido nombrado en una causa en Mar del Plata, pero la verdad es que nunca le di demasiada importancia al tema. Él me comentó varias veces las injusticias que se estaban cometiendo.

“Tengo varios compañeros de promoción detenidos, algunos desde hace años, sin un debido proceso”, me comentó más de una vez.

No me preocuparon sus palabras. Mi formación jurídica en derecho constitucional, impedía imaginar a un gobierno democrático violando códigos de procedimiento, y leyes sancionadas por Congresos. Además, durante el período en el que se lo acusaba, mi suegro había realizado una actividad docente alejada de todo tipo de confrontación.

En las paredes de su casa, aún lucen los diplomas de sus ascensos con los que fuera honrado por el senado nacional.

¿La misma democracia que lo había colocado en los escalafones más altos de su carrera tras analizar con lupa sus antecedentes, iba ahora a condenarlo? Imposible de pensar.

Además, y sobre todas las cosas, yo sabía quién era mi suegro, la persona más íntegra y recta que conocí en la vida.

Por él sin dudas colocaría las manos en el fuego. No sé por cuantos más lo haría. Honestidad sin límites, respeto por el prójimo, amor por la Patria e innato carisma, son algunos de los atributos de una personalidad que supo cosechar infinidad de amigos, los que hoy lo acompañan en tan duro trance.

Para mí, es el padre que hubiese querido tener. Para mi esposa, la luz de sus ojos. Para mis cuatro hijos, un abuelo lleno de luz y amor.

Sin una prueba, documento o testimonio que lo inculpe, el expediente judicial que lo priva de su libertad no sabe de normas ni procedimientos. Sus páginas destilan inequidad y rencor ¿cómo podemos pedirle que sepa de valores como el honor o la integridad moral?

Mientras tanto, con sus 74 años a cuestas, todos los días mi suegro nos brinda clases de entereza frente a la adversidad. La verdad lo acompaña y sabe que algún día ella saldrá a flote, en medio de tanta barbarie judicial. Pero también es consciente que el reloj biológico le juega en contra. Paciente oncológico, sumado a los achaques propios de su avanzada edad, mi suegro transita por un vaivén de sentimientos. El juego de la vida continúa a su alrededor y no le es permitido participar. La entrega de un premio a uno de sus hijos, comunión de una nieta, casamiento de un sobrino que a su vez es su ahijado o entrega del pabellón de otra de sus nietas, abanderada en el colegio, fueron eventos empañados por su ausencia.

Privar a alguien de su libertad de manera injusta, es de por sí un drama. Pero si ese alguien está además transitando los últimos años de su vida, se acaban las palabras para definir semejante calamidad.

Una familia entera llora su impotencia en silencio y espera que finalmente se haga Justicia de verdad y con todas las letras.

2 opiniones en “Mi suegro”

  1. Una objetiva y brillante descripcion, de los sentimientos y angustias que sufre una familia, cuando la justicia comete las fallas procesales, acompañando un interes rociado de venganza ideologica, quitando injustamente uno de los bienes mas preciados del ser humano que es su libertad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *